sábado, diciembre 13, 2008

Memorias de la Pila del Pato

De la Plaza de San Francisco a la Alameda de Hércules y de allí a la de San Leandro y en el vuelo, un pianista de lujo que jalea su viaje, entre palmas, teclas, cuerdas y baterías flamencas y en su reposo migratorio, a la sombra verde de un viejo Laurel de la India, una guitarra de quejíos alegres le arrulla su descanso.


El surtidor, ladeado por los aires de la Alameda, mira de reojo desde la espalda, donde su expectante creador, Rafael Marinelli, entrega su protagonismo a los dedos volátiles de Enrique de Melchor acompañado por todo el grupo, elevando hasta el encantamiento el embrujo de esta pieza.



Con el tiempo, la estampa de dos jóvenes enamorados; él, rodilla en tierra, calada por los chapoteos del pato, en pose becqueriana, galantea sus amores a la chavea, “…del pájaro quiero sus alas, del campo deseo la flor…”, al fondo el sinfonismo flamenco hechizando las palabras, viajando en un bucle espacio-temporal hasta el inicio de la banda sonora de sus esponsales.


Y el pato de la pila, embelesado, seguirá bailando su chorro a los sones por bulerías que, desde Casa Manuel, se escapan clandestinos.


La Pila del Pato

3 OPINIONES VARIADAS:

laluzdeTRIANA dijo...

este comentario no es para opinar o decir algo de esa pila del pato,,es para desearte todo lo mejor amigo,y que lo pases en compañia de tu gente,,muu bien,un feliz año 2009 iceberg,y un abrazo tio

Anónimo dijo...

Es uno de los rincones más bonitos de Sevilla. Yo lo conocí más prácticamente: muy cerca de allí, en mitad de la calle Francisco carrión y Mejías, había una tienda, hoy trasladada a las afueras de Sevilla, que ha cambiado de sitio casi tanto como la fuente y el pato, y que para la gente de mi gremio en tiempos fue la única, o al menos la más conocida, en que podíamos comprar según qué cosas, por entonces muy difíciles de encontrar en Sevilla y francamente necesarias para nosotros.

Recuerdo que en principio, por facilidad en la orientación, me iba por Santa Catalina (el 1 me dejaba en María Auxiliadora), pero con el tiempo, me acostumbré a bajarme en la Avenida (frente a Correos) y hacer el trayecto por dentro, tardando mucho más, pero disfrutando como una cosaca paseando por una de las zonas que más me gusta de Sevilla.

Anónimo dijo...

Creo que hay otro autor que le ha dedicado otra pieza a la Pila del Pato. Lo que no sé es quién, ni recuerdo ahora mismo el nombre, ni de qué estilo es la pieza. Y por otro lado, el Pali la inmortalizó en una sevillana que hablaba de La Alameda (una de tantas que le ha dedicado a La Alameda). Supongo que rememorando una escena de cuando la Pila estaba ubicada en dicho paseo.